|
Cuando se habla de inflación y se
pondera el comportamiento de los precios, no suele
tenerse en cuenta lo que realmente consumen las
capas más populares, los sectores más pobres. De
este modo, la inflación elevada que padece España
está siendo devastadora en un colectivo que abarca a
más de cuatro millones de personas, los pensionistas
con ingresos menores a 600 euros. Lo que ese
colectivo consume es, casualmente, lo que más sube.
La elevada inflación que padece España está teniendo
consecuencias devastadoras sobre el poder
adquisitivo de las familias; pero, sus efectos son
todavía mayores para las rentas más bajas. En
concreto, para los más de cuatro millones de
pensionistas cuyos ingresos son inferiores a 600
euros al mes. La causa tiene que ver con un factor
que se viene repitiendo de forma sistemática en la
economía española desde hace años: los productos que
más suben de precio son, precisamente, los que más
consumen los pensionistas. Y, por el contrario, los
que tienen un mejor comportamiento (comunicaciones,
calzado o vestido) son los que menos afectan al
bolsillo de los que tienen menos recursos.
Los datos oficiales del Instituto Nacional de
Estadística (INE) no dejan lugar a dudas. El último
año (agosto sobre agosto) el ÍPC subió un 4,9%, sin
embargo, los grupos de gasto que más afectan a los
pensionistas (alimentos y bebidas no alcohólicas y
vivienda, aguas, electricidad y gas) crecieron muy
por encima de la media. En concreto, un 6,8% en el
primer caso y nada menos que un 7,9% en el segundo,
lo que pone de manifiesto hasta qué punto los
aumentos del IPC se reparten de forma desigual.
Frente a lo que pueda creerse, no se trata de un
fenómeno esporádico vinculado al alza del crudo y de
las materias primas alimenticias. El actual IPC
tiene base 100 desde enero del año 2006, y desde
entonces ambos grupos son los que más han subido,
hasta situarse en 112,3 puntos en el caso de la
vivienda y en 110,3 puntos en el de los alimentos.
Mientras que, por el contrario, el IPC general se
sitúa en 107,6 puntos
Hay que tener en cuenta que los pensionistas o
retirados (según la expresión que utiliza el INE)
destinan el 49,63% de su gasto en consumo a esos dos
grupos de productos, muy por encima de la media
general del conjunto de consumidores, que se sitúa
en el 40,43%.
Esto significa, lógicamente, que son de largo los
más perjudicados por el alza de los precios. Según
los datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares,
pensionistas y retirados destinan el 16,72% de su
gasto en consumo a alimentos y bebidas no
alcohólicas, mientras que otro 32,91% se dedica a
pagar el mantenimiento de la vivienda (no se tiene
en cuenta el precio de adquisición o los
alquileres), el agua, la electricidad o el gas.
Una estructura de gasto desigual
El peso de la alimentación y de los gastos básicos
para el mantenimiento del hogar en luz o calefacción
tiene mayor importancia en la estructura de gasto de
un hogar a medida que los ingresos son más pequeños,
ya que se trata de consumos básicos de los que no se
puede prescindir. En esta situación se encontrarían
algo más de cuatro millones de personas que perciben
una pensión a cargo del Estado inferior a 600 euros
mensuales (por catorce pagas).
El colectivo más importante se refiere a los
3.615.501 pensionistas del nivel contributivo (datos
hasta julio) que perciben una cantidad menor a esa
cantidad. Pero también se encuentran en esta
situación los 463.057 ciudadanos que viven
mensualmente con los 308,47 euros a que tienen
derecho por reunir los requisitos para cobrar una
pensión no contributiva. Se trata de pensionistas
que -por las razones que fueran- no han podido
cotizar a la Seguridad Social durante su vida
laboral. En esta misma situación, por último, se
encuentran los que cobran una pensión de carácter
asistencial (21.097 ciudadanos) o a cargo del SOVI
(Seguro Obligatorio de Vejes e Invalidez), que
supone el derecho a percibir 356.20 euros mensuales.
La pérdida de poder adquisitivo de las pensiones a
causa del alza de los precios es un viejo problema
de la política económica, y eso explica que en
ocasiones se haya planteado la posibilidad de crear
un IPC específico para jubilados, cuya estructura de
gasto es muy diferente a la del resto de ciudadanos.
El debate siempre ha quedado en nada, pero lo cierto
es que en los últimos años se ha agudizado este
problema de la mano del alza de los alimentos. Hasta
el punto de que aunque el Gobierno suba el 6% a las
pensiones mínimas el año que viene –como ha
anunciado el presidente Zapatero-, apenas se pondrá
compensar la pérdida de capacidad de compra de las
pensiones por su mayor exposición al alza de los
productos básicos.
_________
www.rebelion.org
Envianos
tu artículo de opinión y lo publicaremos en esta
sección. |