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D. Esteban Díaz Cimadevilla, nace en 1899 en
Sama de Langreo (Asturias). Hijo de D. Francisco
Díaz Gandia y de Doña Rosario Cimadevilla Fernández.
En su Asturias natal trabajará como químico en la
minería y pronto manifestará su afición por la
música. Pero acabará emigrando junto a los que serán
sus futuros suegros: D. Manuel Rodríguez Díaz y Dª
Carmen Díaz Valdés, y su futura esposa a Pizarra,
buscando las cálidas temperaturas de nuestro pueblo
ante lo perjudicial del húmedo clima de Sama para la
enfermedad respiratoria de D. Manuel.
Contrajo matrimonio a los 25 años de edad, en la
villa de Pizarra, el día 18 de Junio de 1924 a las
17 horas, en la Iglesia de San Pedro con Doña
Mercedes Rodríguez Díaz, de 24 años, natural de San
Juan de Arenas (Oviedo). Fueron casados por D.
Antonio Morilla Rivero, párroco de Pizarra, siendo
sus testigos D. Antonio Rodríguez Bermúdez y D.
Ramón Sánchez Herrera.
La pareja tenía su residencia y una pequeña tienda
de telas en la esquina de C/ La Unión o callejuela
con la C/ Málaga, local que hoy ocupa la Biblioteca
Municipal y una frutería. Allí nacieron sus dos
primeros hijos: Manuel y Francisco.
Tras la proclamación de la II República el 14 de
Abril de 1931, concretamente el 30 de Abril el
Ayuntamiento de Pizarra se entrega a una comisión
gestora designada por el Gobernador Civil que estará
compuesta por D. Julio Cola López y D. Antonio
Gutiérrez Cid. Será en Mayo de 1931, cuando se
celebren las elecciones Municipales en Pizarra,
formándose la primera corporación municipal
republicana el 6 de Junio de 1931. Corporación
presidida como Alcalde por Esteban Díaz Cimadevilla.
Esteban, primer alcalde de la II república en
Pizarra, ocupará su cargo hasta el 10 de Abril de
1933, fecha en la que presenta la dimisión basándose
en su quebrantable salud y atenciones a su negocio.
Y será el 19 de este mismo mes cuando, tras
votación, entregue el bastón de mando y felicite al
nuevo alcalde de Pizarra D. Juan García Gómez. No
obstante seguirá formando parte de la Corporación
Municipal como concejal.
LA ALCALDIA DE PIZARRA
La primera acción que realiza el nuevo equipo de
gobierno republicano de 1931 será cambiar el nombre
de algunas de las calles de Pizarra, así la Plaza de
la Constitución será cambiada por Plaza de la
República, la Plaza de la Iglesia por Plaza de Pablo
Iglesias, la Barriada Alfonso XIII por Avda. 14 de
Abril, Calle Puerto hermoso por Calle Galán y García
Fernández, Calle José Rosas Díaz por Calle Libertad
y Calle Higuereta por Calle Comandante Franco.
Pero al problema más grave que se enfrentará será al
de la falta de empleo en Pizarra. Para intentar
solucionarlo se crea una Bolsa de Trabajo que desde
sus inicios no cuenta con el apoyo de los patronos,
lo que causa reiteradas protestas de los
trabajadores y que llevará a que se solicite ayuda
al Gobernador Civil para intervenir entre la
patronal y los obreros
Otra actuación a destacar se refleja en la Comisión
Plenaria del Ayuntamiento de Pizarra del 7 de
Noviembre de 1931. Cuando se da cuenta de un Oficio
de la Alcaldía de Cártama, remitiendo expediente
instruido en virtud de la instancia suscrita por
numerosos vecinos de la Sierra de Gibralgalia, en la
que solicitan que la parte de aquella
correspondiente a Cártama, sea anexionada a Pizarra,
por razones de diverso orden.
La corporación crea una comisión que la forman Juan
García Gómez, Ildefonso Almodóvar Cruzado y Antonio
Gutiérrez Cid, para que con el secretario se
trasladen a Cártama. El día 14 del mismo mes se
reúnen en Cártama y quedan para que la anexión sea a
la mayor brevedad posible.
Será también en esta legislatura cuando se celebre
la subasta para la adjudicación del constructor del
Puente y se hagan las gestiones para conseguir la
variante de la carretera. Además se hará la compra
de tierras para la ampliación del cementerio
municipal a D. Juan Gutiérrez López por un precio de
243,60 ptas.
Podemos citar también como curiosidades las
propuestas de oficiar al Sr. Conde y luego al Sr.
Gobernador para que se quitase la figura del Santo
de su ubicación en la sierra de Pizarra o el envío
al Cónsul de Cuba del testimonio de duelo por parte
de la corporación ante el tifón que en esas fechas
devastó el sur de ese país y la respuesta de
agradecimientos de éste
Será ante la llegada de las tropas franquistas a
nuestro pueblo cuando Esteban, junto a mujer e
hijos, abandone precipitadamente y de madrugada su
hogar pizarreño ante el aviso de que “iban a ir a
buscarle”.
Comienza entonces una larga huida que le llevará a
Puigcerda, un pueblo de Gerona próximo a la frontera
con Francia a la espera de poder pasar al país
vecino.
ARGELES SUR MER
En los meses de enero y febrero de 1939 cientos de
miles de españoles cruzaron a pie la frontera que
separa Francia de la provincia de Gerona, ante la
ocupación franquista de Cataluña. La II República
española comenzaba a extinguirse bajo el fuego de
aviones que perseguían a sus supervivientes para
atacarles incluso en la retirada y en los pasos
fronterizos, todo ello ante la pasividad del
gobierno francés, que terminó encerrando a las
personas que llegaban en campos de refugiados.
Frío, nieve, miedo, derrota, incertidumbre, recuerdo
de todo lo vivido a lo largo de tres años de guerra
serían las sensaciones las de aquellos republicanos
que terminaron siendo encerrados en Le Perthus,
Portbou, Cerbere, Colliure, Argeles Sur Mer o Sant
Cyprien.
Esteban fue enviado a la playa de Argeles Sur Mer,
allí le tocaría vivir el horror de aquel campo de
refugiados, un infierno del que podemos hacernos tan
solo una ligera idea en lo que nos cuenta el militar
republicano Juan Carrasco en el magnífico libro "La
odisea de los republicanos españoles en Francia":
"Antes de poder dar a esta concentración humana la
fisonomía de un pueblo -de un pueblo de siniestrado,
se entiende- pasaron varios días. En Argeles, miles
de extraños albergues brotaron de la arena: chozas
construidas con cualquier cosa, cañas, mantas,
chapas, paracaídas, toldos, papel. Todo era bueno
para procurarse un aparente refugio. Las chozas eran
más o menos grandes según el número de personas que
las ocupaban. En el campo no faltaban los refugios
individuales: eran unas zanjas donde el refugiado se
deslizaba como un gusano. Esas zanjas recibieron el
nombre de conejeras y su construcción era simple y
barata: con algunas cañas, cuerdas y una manta cada
uno podría construir su casita propia. Va de suyo
que estos refugios resistían muy mal a las
inclemencias del tiempo. La lluvia entraba por todas
partes y la violencia de la tramontana derribaba las
chabolas.
Las condiciones de vida en este campo eran
precarias, el espacio vital, mínimo y la
promiscuidad hacía irascibles a las gentes. Ya se
puede imaginar el lugar destinado a la satisfacción
de las necesidades fisiológicas: éste era un cerco
próximo al agua donde los refugiados fueran hombres,
mujeres o niños convergían para defecar. No se podía
entrar en semejante estercolero sin pisar
excrementos y el espacio era tan reducido que las
gentes en cuclillas se tocaban constantemente."
Juan Carrasco relata en el mismo libro una triste
anécdota. Cuenta que "uno de los hombres que allí
estaba prisionero avanzó mar adentro, con sus
maletas en la mano, gritando `me voy a México´
mientras el mar le engullía para devolver un rato
después su maletas ya abiertas".
EL WINNIPEG Y PABLO NERUDA
Pero Esteban Díaz Cimadevilla y su familia fueron
unos de los pocos que tuvieron suerte, pues fueron
sacados de aquel campo de refugiados y llevados al
puerto francés de Poullac desde donde, el 4 de
agosto de 1939, partió el barco carguero Winnipeg.
Un navío que gracias a la acción de Pablo Neruda
llevó más de 2.200 refugiados a Chile, donde
arribaron en el puerto de Valparaíso el 3 de
septiembre de ese mismo año. La travesía la
compartieron con el pizarreño Miguel Garrido Romero.
La historia del mito del Winnipeg comienza en 1939,
cuando pablo Neruda, que había sido cónsul chileno
en España, recibe una carta del poeta Rafael
Alberti, su amigo. Éste le informa sobre los
problemas que tienen los civiles partidarios de La
República al escapar de Franco. En Chile acababa de
llegar al poder un gobierno del Frente Popular, con
un presidente de izquierdas, Pedro Aguirre Cerda, a
quien Neruda pide audiencia y le explica la
necesidad de ayudar a España.
Aguirre deja a cargo a Neruda todos los trámites de
migración, y lo nombra cónsul especial para la ayuda
de los refugiados. Y el poeta hace un largo periplo
pidiendo dinero a los intelectuales en Argentina,
Uruguay hasta llegar a París en el verano de 1939. A
su oficina en la capital francesa llegan miles de
solicitudes de españoles para viajar a Chile, las
que junto a su mujer, Delia del Carril, revisan
personalmente una a una. Con ayuda del exgobierno
republicano español, ahora en el exilio, seleccionan
a los potenciales inmigrantes, una labor nada fácil,
si se considera la presión de la dictadura española
y la dispersión de las familias de refugiados en
distintos campos de concentración de Francia. Sin
embargo, la tarea se lleva a cabo eficazmente con la
creación del Servicio de Evacuación de Refugiados
Españoles.
Para el viaje se contrata un antiguo carguero
francés, que habitualmente hacía el recorrido entre
Marsella y las costas africanas con no más de 20
pasajeros. El barco de origen canadiense era
propiedad de una de las empresas del Partido
Comunista francés, la Compagnie France-Navigation,
que no tuvo reparos en arrendar su nave para la
causa de Neruda. En esta modesta nave, llamada
Winnipeg, en cuyas bodegas se acomodan apretadamente
las literas, se subirán casi dos mil quinientas
personas para llegar hasta Chile.
Sin embargo, en Chile empiezan los problemas al
saberse que viajan republicanos al país. Se genera
mucha resistencia, especialmente porque hay un alto
desempleo y por la reacción de la prensa de derecha,
especialmente El Mercurio, que crea notas falsas
sobre el barco. Se daba como un hecho que los
republicanos eran delincuentes, bandoleros, que
quemaban iglesias y violaban monjas. Pero la
realidad fue que recibieron una gran acogida y estos
refugiados se convirtieron en dinamizadores de la
economía, ya que gran parte de los pasajeros del
Winnipeg eran obreros especializados, técnicos y
profesionales. Muchos de ellos sobresalieron por sus
trabajos en la industria editorial, del mueble, de
la pesca y conservera; así como en el desarrollo
científico y en la industria gastronómica. Al mismo
tiempo, algunos se convirtieron en artistas e
intelectuales que influyeron significativamente en
la cultura y el arte chilenos.
Tras un periodo de adaptación al nuevo país Esteban
Díaz consigue trabajo en la Sociedad Española de
Socorro Mutuo, un empleo que mantendrá durante
cuarenta años. Al tiempo que su esposa ayuda a la
familia con una pequeña tienda. Una familia que se
verá incrementada con el nacimiento de Mercedes.
Volverá en una ocasión a España, a su Sama natal,
con motivo de la fiesta de Santiago en 1968. Pero en
el momento que más siente Esteban el desarraigo y la
añoranza de su tierra natal es tras el fallecimiento
de su esposa Mercedes, es entonces cuando pasa por
su cabeza volver para quedarse en España. Vivirá
algún tiempo junto a su hija en Venezuela pero
finalmente vuelve a Chile donde morirá en febrero de
1987.
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* Me gustaría expresar mi gratitud a Antonio
Bootello y Miguel Esteban Martín sin cuyas
investigaciones y aportaciones este artículo no
hubiese sido posible.
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tu artículo de opinión y lo publicaremos en esta
sección. |